Yo no me quiero casar¿y usted?

Napoleón quería divorciarse de Josefina pero la iglesia no estaba a favor de la disolución del matrimonio, de modo que Napoleón como buen relacionista público que era, invitó a pasar un fin de semana a su finca al cardenal de Paris para persuadirlo de que apruebe su separación de Josefina.
El cura aceptó, y ya los dos reunidos el viernes por la noche cenaron cordero. Por la mañana del sábado ambos desayunaron cordero, el mismo plato almorzaron y por la tarde, cordero también merendaron. La noche del sábado cenaron cordero. Ya en domingo, el desayuno que ambos deglutieron fue cordero y al mediodía el idéntico plato fue servido en la mesa para que ambos almorzaran. El cura que hasta el momento no se había atrevido a criticar la repetición de la comida tomó valor y en la sobremesa del día domingo dijo a su anfitrión:
-Napoleón encuentro muy sabroso el cordero, felicite de mi parte a sus cocineros, pero desearía probar otro plato por la tarde.
A lo que el emperador respondió acompañando sus palabras con estudiados gestos apesadumbrados:
-Ahora me comprende padre por que me quiero divorciar, en el casamiento como en las comidas ¿Por qué hay que probar siempre el mismo bocadillo?

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